El desguace de SANCOR le permitió al Gobierno flexibilizar a los trabajadores lecheros

23/01/2018 | Revista Norte

La empresa Sancor cedió el paquete accionario que tenía en AFISA a la firma danesa Arla Foods, por 33 millones de dólares, con lo que dio un nuevo paso en el proceso de venta de la cooperativa láctea a la firma neozelandesa Fonterra.

Mario Hernandez / Rebelión

En una asamblea realizada en Santa Fe el pasado 12 de enero, los socios de Sancor aprobaron la venta del 50% de las acciones de AFISA que tenía en su poder la Cooperativa desde la creación de la sociedad hace más de 16 años con la danesa Arla Foods, dedicada a la producción y comercialización de proteínas de suero de queso, en su mayoría con destino de exportación.

Fuentes de la cooperativa y funcionarios santafesinos que siguen de cerca la negociación por la que Sancor busca llegar a un acuerdo con la neozelandesa Fonterra, dijeron que esta venta forma parte de ese proceso y que la operación final podría concretarse en la primera semana de febrero próximo. Las negociaciones apuntan a que esa venta se dé mediante la creación de una tercera sociedad, en la cual Sancor tendría una participación minoritaria, de entre el 20 y el 30%, y la parte restante -de entre 70 u 80%- quedaría a cargo de Fonterra.

El objetivo de la venta de AFISA, que según fuentes del sector lácteo ronda el valor de U$S200 millones, sería conseguir fondos para, entre otras cosas, continuar con el plan de retiros y reducción de deuda.

Funcionarios del gobierno de Santa Fe señalaron que: “Es un poco contradictorio que Sancor venda esa sociedad que es una de las más redituables que tiene”. El motivo sería la insistencia de la empresa neozelandesa en la necesidad de achicar todavía más la planta de trabajadores, con lo que la firma necesitaría más fondos para nuevos retiros.

En noviembre, tras siete meses cerrada, fue traspasada la planta de la Cooperativa en la localidad santafesina de Centeno a la firma bonaerense La Tarantela. San Gotardo, de Trenque Lauquen, busca quedarse con la planta situada en Coronel Charlone y la Cooperativa láctea de Huanchilla absorbió la de Coronel Moldes en la provincia de Córdoba. Las tres catalogadas como “activos residuales”, o sea, que no entran dentro del proceso de venta a Fonterra.

Mientras tanto, Sancor ha ido perdiendo mercados. Hasta 2015, cuando comenzó la debacle, la empresa asentada en la localidad santafesina de Sunchales era una de las principales lácteas del país. Recibía más de cuatro millones de litros de leche diarios. Hoy solo recibe alrededor de 1,2 millones, un 70 % menos y la producción se redujo considerablemente perdiendo varios mercados lácteos.

Cabe recordar que en 2016 había vendido a la aceitera Vicentín el 90% de la línea de postres, flanes y yogures por más de U$S100 millones. Mastellone fue una de las más beneficiadas ya que se quedó con el mercado de leche fresca en la zona metropolitana (Capital Federal y Gran Buenos Aires) siendo el único proveedor tras la salida de Sancor del negocio.

También amplió sus ventas en el mercado de leche larga vida, pero no fue la única. Saputo y Williner, ambas de Rafaela (Santa Fe) y Punta del Agua, de Villa María (Córdoba) también aumentaron su participación a costa de Sancor.

No obstante, según datos del Ministerio de Agroindustria, cayeron las exportaciones. Desde enero a octubre se exportaron 182.000 toneladas entre leche y derivados, lo que marca una caída del 26 % en comparación con igual período de 2016 (247.000 toneladas). Por este motivo, gran parte de la producción se volcó al mercado interno, generando una recuperación del consumo aunque en setiembre las remarcaciones fueron superiores al 20%. Para 2017 se prevé que alcance los niveles de 2015, de 214 litros por año por persona. En 2016 fue de 201 litros.

Bajo la amenaza de dejar caer a SanCor, el gobierno logró modificar el Convenio de Trabajo

Representantes de las industrias y del gremio del sector lácteo, Atilra, firmaron un nuevo Convenio a fines de octubre pasado que implicó retrocesos laborales.

Los principales medios masivos de comunicación titularon: “El primer acuerdo laboral firmado luego de los anuncios de reforma de Mauricio Macri”. También anunciaron que el acuerdo era en “beneficio de cuidar el empleo y hacer crecer al sector”.

Hubo cambios en el régimen de horas extra y trabajadores fuera de convenio, entre otros. Se incluyó en el acuerdo “una nueva figura que es el franquista, que puede utilizarse por fuera del gremio para no tener que pagar horas extras como dice el convenio”. Según la normativa vigente, las horas extras en fines de semana y feriados se pagan un 150% por encima de las horas normales.

Por este acuerdo se liberaron 250 millones de pesos, que se sumaron a los 200 millones que el gobierno ya había aportado a la firma meses atrás, siempre y cuando las autoridades de Sancor encararan un proyecto de reestructuración.

En mayo, en medio del peor momento de la crisis de Sancor, Atilra había aceptado reducir el monto de un aporte patronal que cobraba desde 2009 y sentarse a discutir las condiciones del convenio laboral, lo que había permitido que el gobierno habilitara 200 millones de los 450 que había anunciado para financiar a la empresa. Premios por presentismo y puntualidad e introducción del principio de multifuncionalidad son otras de las novedades que se incorporan al régimen de trabajo de los lácteos. Además, permite incorporar empleados por plazo fijo, para necesidades productivas acotadas en el tiempo.

Apunta a una asistencia perfecta, reduciendo premios o anulándolos ante enfermedades, inasistencias y llegadas tardes cuando se superen los 35 minutos en todo el mes.

También se reduce el tiempo de reserva de puesto ante ausencia por accidente o enfermedad. Abre las puertas a la tercerización de “las actividades que no se corresponden con las normales, específicas y propias de la actividad”, que serán excluidas del convenio.

El Gobierno también informó que “se asume el compromiso de modernizar las categorías y el escalafón, abriendo una instancia de negociación para adecuar las categorías, acorde a la nueva tecnología y nuevos procesos industriales”.

Los cambios en el régimen laboral de la industria láctea entraron en escena con la crisis de la cooperativa Sancor. Cuando la Cooperativa atravesaba lo peor de su situación, que amenazaba su existencia misma, el Gobierno condicionó el salvataje a que se produjeran algunas modificaciones en el terreno laboral.

Los cambios empezaron en mayo, cuando se firmó un acuerdo para reducir sustancialmente los montos del aporte extraordinario que realizan las empresas al sindicato por trabajador por mes: para empresas Pymes (de hasta 70 trabajadores) la suma quedó en $750 y para las grandes se fijó en $1.500. Originalmente los aportes eran de $3.700 para todas las empresas, sin distinción entre grandes y pymes.

Se estima que las modificaciones afectan a más de 35.800 trabajadores que forman la cadena láctea.

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