El paco aumenta el deseo en adictos de terminar con sus vidas

27/09/2015 | Revista Norte

paco

LOS PROBLEMAS DEL USO DE DROGAS

Cuando consumen paco, el deseo de terminar con sus vidas se duplica

Las adicciones y la muerte van de la mano. Según las estadísticas, las consultas por tentativa de suicidio se multiplican en la provincia.

“Ayudame abu. O termino matándome o me matan por esto”. El “esto” a lo que se refiere un adolescente, arrodillado, frente a la figura de su abuela, Dora Ibáñez, es el paco. Esa basura, que se obtiene de la cocaína, tiene un efecto tan efímero como mortífero para todo el organismo de quien la consume. Causa desnutrición. Males respiratorios. Delirios. Una adicción exacerbada. Es la droga que más se relaciona con el delito. Y es la sustancia que en los últimos meses encendió otra alarma: porque está directamente vinculada al incremento de los suicidios de jóvenes de barrios vulnerables.

Esta semana que pasó Horacio Zamorano, de 18 años, decidió matarse. Lo hizo justo antes de entrar a la Fazenda, donde iba a tratar su adicción. Su partida despertó dolor e indignación en el barrio donde vivía, en El Sifón. Pero no sorprendió. Es un caso más que se suma a una larga lista de decesos por la misma causa en su barrio y en la Costanera. 

Hablemos de números

Que el paco mata lo saben bien los especialistas en adicciones. Y ahora también los expertos en epidemiología. Uno de ellos es Rogelio Cali, director de Epidemiología del Siprosa. Su computadora desborda de carpetas con cifras, estudios y más investigaciones sobre todos los males que padecemos los tucumanos. En particular, el suicidio es un tema que le preocupa demasiado. Aún cuando en los últimos años esta causa de muerte ha dejado de tener una tendencia ascendente, hay detalles que alarman. Por ejemplo, una encuesta que el Ministerio de Salud realizó entre los jóvenes de 13 y 15 años. 

En este estudio se mostró que el consumo de paco duplica las posibilidades de una tentativa de suicidio. El riesgo de tomar una decisión tan drástica aumenta significativamente cuando los adolescentes se sienten solos, especifica Cali. “En esa situación, sienten 10 veces más deseos de intentar quitarse la vida”, detalla.

En ese contexto, hay algo peor todavía: según la encuesta, que se realizó en todo el país, el 54% de los chicos declara que se siente siempre solo, mientras que el 38,7% tiene esa sensación la mayoría de las veces.

El consumo de marihuana y de alcohol y el bullying (acoso escolar), figuran también entre los factores de mayor riesgo de suicidios, añade Cali.

La situación del NOA

Cali sostiene que el suicidio se constituye como una de las principales problemáticas epidemiológicas de salud mental. Y desgrana, con rigurosidad estadística, cifras que espantan. Si bien descendió la mortalidad por conducta suicida más de un punto en el último año, desde 2001 a la fecha se duplicaron los casos. Actualmente se producen 10 suicidios por cada 100.000 habitantes en nuestra provincia. Esa tasa, en 2001, era de 4,2. Y en 2011 alcanzó su pico máximo: 11,2.

“La tasa venía aumentando a un ritmo del 10% anual. En 2011 se logró estabilizar. Lo cual es alentador. Pero hay que seguir trabajando mucho porque estos hechos tan dolorosos tienen su mayor incidencia entre los jóvenes de 15 a 29 años. Es un gran problema para todo el NOA porque aquí estos sucesos se relacionan íntimamente con condiciones socioeconómicas desfavorables, con situaciones de drogadicción”, precisa.

Urgencia social

El suicidio es una “urgencia social” de la que poco se habla, sostiene Cali. Y aporta más cifras escalofriantes: según la encuesta del Ministerio de Salud, el 13,3% de los jóvenes de entre 13 y 15 años intentó suicidarse. Las mujeres son las que más piensan en quitarse la vida. El 22% tuvo una ideación de suicidio y el 19% de ellas intentó hacerlo. En los hechos, ellos se mueren más: la tasa es 12 suicidios de varones por cada 100.000 habitantes mientras que en ellas es de 3 muertes cada 100.000 habitantes. “Esta situación requiere la atención de los diversos actores sociales para poder prevenirla”, resalta. “Falta más compromiso de la sociedad, de los padres. Salud ha desarrollado varios programas e incorporado profesionales expertos para tratar esta problemática. Pero en muchos aspectos llegamos tarde. Se necesita otro tipo de prevención, en las escuelas, en los barrios, en las familias”, señala Cali.

También tiene números para reforzar lo que cuenta. El Siprosa ha multiplicado la asistencia psicológica y psiquiátrica en CAPS y hospitales para contener una realidad que parece desbordar cualquier sistema. Basta con esta comparación: mientras que en 2001 hubo 516 consultas en la provincia por tentativas de suicidios, el año pasado se registraron 1.925. Cinco por día. 

La alarma de un padre, de una comunidad, es la diferencia entre la vida y la muerte. Es lo único que puede salvar al adicto, dice Dora. Ya perdió un hijo por esta causa. Pero a su nieto lo rescató. “Nada mata más que la indiferencia y la resignación”, asegura. Lo principal, hay que estar atentos y no dejarlos solos. Es el salvavidas.

¿Qué se puede hacer para salvar a los adictos?

Ramiro Hernández, director del PUNA

“¿Por qué muere un sujeto adicto? Un adicto muere por la ausencia del otro. El otro es el padre, el maestro, el amigo, el médico, el policía, el Estado”, plantea Ramiro Hernández, director del Programa Universitario para el Estudio de las Adicciones (PUNA), de la UNT. “Nos preguntamos muchas veces cuál debe ser nuestro rol ante una persona que sufre algún consumo problemático de sustancias. Cuando trabajamos con adictos sabemos que llegamos tarde, aunque todavía tenemos por delante el desafío de brindarle una alternativa de recuperación.  Necesitamos políticas que concreten acciones directas sobre poblaciones vulnerables y excluídas: programas de prevención barriales contínuos, prevención de drogas sistemática en las currículas de la escuela, presencia de agentes preventivos en las calles, conformación de Casas Saludables en cada manzana de cada barrio, tratamientos ambulatorios gratuitos barriales, creación de redes sociales de trabajo, capacitación juvenil y programas terapéuticos específicos, solidarios, educativos y no estigmantizantes. Sólo un trabajo articulado entre el Estado, las ONGs y los actores sociales comprometidos posibilitará anticiparnos y dejar de lamentar nuestras llegadas tarde”, propone.

Emilio Mustafá, psicólogo experto en adicciones

“Hay que plantear una estrategia de abordaje individual, grupal y comunitaria para ayudar a los adictos”, propone Emilio Mustafá, psicólogo experto en adicciones.  “En este sentido hay tres puntos para reforzar. Lo primero es la asistencia en crisis: dar atención al adicto en una situación de emergencia con el fin de evitar riesgo de vida para el adicto y las personas que lo rodean. Para eso es necesario que el Siprosa cuente con guardias con personal capacitado en la atención y el trato de los adictos”, arranca. “Después viene la asistencia terapéutica grupal, individual, domiciliaria, barrial. Para esto se necesitan equipos territoriales que trabajen con el adicto en su propia comunidad. El problema principal de los chicos no es la internación sino es cuando salen de ella y vuelven al barrio. Se les hace difícil sostenerse sin drogas. También es necesario unir a la comunidad con la idea de romper esa cotidianidad acrítica del consumo de drogas. A eso hay que sumarle una política de seguridad estratégica que aborde el problema del narcotráfico y el narcomenudeo. La tercera es ‘prevención – promoción- proyecto’. No sólo dar información o hacer un taller para que el chico esté ocupado. Apuntamos que se transformen en reproductores de salud”, apunta.

Melitón Chávez, vicario de la solidaridad

“Acompañarlos es lo mejor que podemos hacer; no dejarlos solos”, sostiene Melitón Chávez, vicario de la Solidaridad y párroco de El Salvador. Trabaja hace siete años en la Costanera y considera que en este barrio existe un desastre humanitario. La propuesta que hace para rescatar a los adictos se hará realidad en breve. Según anunció, la Iglesia consiguió que el municipio le prestara un viejo espacio en el parque 9 de Julio (donde funcionaba la escuela Divino Maestro) para crear ahí un espacio de acompañamiento para personas en riesgo. “Es un lugar que siempre estará abierto y en donde los adictos o chicos en situación de calle podrán encontrar contención, escucha, además de alimento, la posibilidad de descansar, ducharse. La idea es que aprendan a quererse más y a cuidarse. Ya tenemos voluntarios que estarán allí ayudándolos”, detalla. Para él, prevención no es solo hablar de las drogas. “Hay que darles esperanzas, ayudarlos a vivir mejor. El tema de la soledad afecta mucho a los adictos y eso está directamente relacionado con los suicidios. Por eso hay que escucharlos, no hacerles preguntas, solamente estar. Ponerse al lado. Es mucho más fácil acercarse cuando entendemos que no muerden”, sugiere.

Dora Ibáñez, cofundadora de “Madres del Pañuelo Negro” 

“La mejor forma de ayudarlos es primero brindarles una internación. Los chicos que consumen paco no soportan un tratamiento ambulatorio. Y después, lo más importante, es darles trabajo cuando vuelven, para que no caigan otra vez en la droga. Tienen que encontrar algo que les interese en la vida para poder salir adelante”, sostiene Dora Ibáñez, vecina de la Costanera. Habla con conocimiento de causa: a ella misma se le suicidó un hijo en 2010, Cristian Gustavo Villagra. Además, ahora lucha para sacar a su nieto de la adicción. “Estuvo internado, volvió y por suerte encontró trabajo en la Municipalidad. Eso lo mantiene bien”, resalta. “A diario vienen chicos que hicieron tratamiento y vuelven a caer porque no tienen nada, se sienten desvalorizados y discriminados. Me dicen: ‘Dora, soy una lacra, no sirvo para nada’. Muchos eligen el peor camino: el del suicidio. Creo que lo hacen porque pierden el sentido, están dominados por esa basura llamada paco. Lo se porque los que no llegan a morirse después se arrepienten de haber intentado matarse”, advierte. “Le pido a las madres que no bajen los brazos. Los chicos que cayeron en el consumo son débiles; necesitan ayuda, no que nos echemos culpas. No hay que dejarlos solos”, suplica.

Lucas Haurigot Posse, secretario de Adicciones

“Hay que salir a buscar a los chicos que consumen. Este es el desafío. El joven adicto está pidiendo ayuda y está sufriendo. Por eso hay que ir a su encuentro.  Nuestros psicólogos y trabajadores sociales no esperan en un consultorio. Falta mucho trabajo por hacer en esta nueva mirada de abordaje en adicciones, pero ya tenemos un camino que comenzó y del cual varios barrios y comunidades nos muestran su agradecimiento. No sólo hacemos contención terapéutica sino que incluimos a los chicos de los barrios en actividades saludables: talleres de arte, de alfabetización, de deportes, etcétera. Esto no solo para tener entretenidos a los chicos. Son actividades de inclusión y de expresión de sentimientos. El chico que consume desea ser escuchado en su dolor”, propone Lucas Haurigot Posse, secretario de Adicciones de la provincia. “El adolescente que consume tiene un sufrimiento interno por distintas cuestiones: no tiene un proyecto de vida, no ha podido sostener sus estudios o su trabajo y ha perdido el horizonte. Esa persona es un terreno fértil para que la sustancia se meta y haga estragos en esa vida. A eso hay que sumarle la poca contención familiar. Por eso, también es fundamental trabajar con el entorno”, concluyó.-

 

 

La Gaceta

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