La inversión extranjera directa en América Latina

11/03/2017 | Revista Norte

Con políticas activas e integradas, los países pueden sacar provecho de la Inversión Extranjera Directa (IED) para diversificar sus economías, potenciar la innovación y responder a los desafíos por venir. Sin embargo, es importante que todo el flujo de IED quede supeditado al estado de derecho y respete la soberanía nacional, teniendo en cuenta que la IED debe tener un marco regulatorio especial, principalmente aquella que se dirige a sectores estratégicos del Estado como son el financiero, los recursos naturales, la energía, la electricidad, las telecomunicaciones, etc., por citar algunos de los más importantes. Una vez cumplida esta premisa, la IED puede convertirse en un importante componente que ayude al desarrollo productivo nacional.

Crismar Lujano / CELAG

A pesar de su importancia como complemento a la inversión nacional y la labor del Estado para el desarrollo económico, en el caso concreto de los países latinoamericanos hemos observado cómo en los últimos años los flujos de IED han disminuido. ¿Cuáles son los factores detrás de este resultado? La principal causa ha sido la recesión económica global que ha desviado los flujos de inversiones hacia los países desarrollados en desmedro de América Latina. Con esto, tenemos que en el año 2015, América Latina recibió la Inversión Extranjera Directa más baja del quinquenio.

Según un informe de la CEPAL[1], el monto concreto de la IED que se dirigió a la región en el año 2015 fue de USD$179.100 millones, lo que representó un descenso respecto al año precedente del 9,1%, y la peor suma registrada desde 2010. Este pobre desempeño se explica por diversas variables:

En primer lugar, la caída de la inversión en sectores vinculados a los recursos naturales, principalmente minería e hidrocarburos. En 2015, las entradas en estos sectores económicos primarios perdieron relevancia debido al periodo decreciente en sus cotizaciones, lo que visiblemente afectó la composición sectorial de la IED de 2015 en la región.

Otro de los factores que con más fuerza incidió fue la ralentización del crecimiento económico de los países de la región, sobre todo en Brasil, que actualmente atraviesa la peor recesión en 25 años con una caída del PIB en 3,6% según datos de Instituto de Geografía y Estadística Brasileño (IEGB).

En este escenario, América Latina y el Caribe han perdido protagonismo como receptores de IED. El descenso registrado en 2015 contrasta con el dinamismo observado a nivel global. En 2015 los flujos mundiales de IED aumentaron en un 36%, empujados por una intensa ola de fusiones y adquisiciones, sobre todo transfronterizas, focalizada en los países desarrollados, en particular Estados Unidos.

A su vez, este país se posicionó como el principal inversor de la región, responsable del 25,9% de los ingresos de IED, en tanto que a continuación se ubicaron las inversiones desde los Países Bajos y España. Si bien, hay que tener en cuenta que la relevancia de los Países Bajos en las estadísticas no corresponde necesariamente a la presencia de empresas neerlandesas en las economías latinoamericanas, ya que muchas empresas transnacionales establecen filiales en ese país aprovechando sus ventajas fiscales, para luego invertir en terceros países.

En conclusión, los efectos positivos de la Inversión Extranjera Directa pueden impulsar el desarrollo de las economías receptoras; en particular, pueden complementar el ahorro nacional mediante nuevos aportes de capital y estimular las transferencias de tecnología y sistemas de gestión para la modernización productiva. Sin embargo, estos efectos no son automáticos y pueden dar lugar a brechas entre las expectativas y los resultados obtenidos. A este respecto, la CEPAL reitera la necesidad de focalizarse en la calidad de la IED, en particular en su capacidad de aportar a la formación del capital intangible de la economía local. He aquí el cuestionamiento sobre la posibilidad de que para gozar de estos beneficios depende de la formación de la fuerza laboral, de la competitividad de la industria local y su capacidad para proveer a las empresas extranjeras, y de la existencia de un conglomerado asociado. En este sentido, el desafío está en que los países receptores capten estos beneficios, ya que, de no mediar las condiciones necesarias, existe la posibilidad de que la empresa extranjera sea un enclave dentro del país y que solo una fracción ínfima de sus beneficios se transfiera a la economía local.-

 

Nota:

[1] CEPAL (2016). La Inversión Extranjera Directa en América Latina y el Caribe 2016. En http://www.cepal.org/es/publicaciones/40213-la-inversion-extranjera-directa-america-latina-caribe-2016

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