Qué hay detrás del polémico libro sobre Donald Trump

18/01/2018 | Revista Norte

President Donald Trump talks to senior staff Steve Bannon during a swearing in ceremony for senior staff at the White House in Washington, DC January 22, 2017. REUTERS/Carlos Barria

La presidencia de Trump sobrevive pagando a clase dominante

Fred Goldstein / www.workers.org

El nuevo libro del periodista Michael Wolff Fire and Fury (Fuego y furia) describe a un Donald Trump totalmente incapacitado para servir como el jefe ejecutivo del imperialismo de EUA. Describe la Oficina Oval como una cueva de serpientes llena de subordinados y parientes tirándose unos a los otros, pero todos con una opinión baja de Trump y sus habilidades. Muchos, según Wolff, cuestionan su capacidad personal y mental.

La publicidad dada al libro es una clara señal de que los medios de comunicación capitalistas y muchos expertos están tratando de socavar la presidencia de Trump. Dan gran publicidad a la cita de Steve Bannon sobre la asistencia de Donald Trump Jr. a una reunión con un abogado ruso. Bannon llamó la presencia de Trump Jr. “traidora” y “antipatriótica”.

Esta pudo haber sido la forma en que Bannon evitó ser acusado por la investigación rusa de Mueller, o pudo haber sido impulsada por un faccionalismo ultraderechista. Pero la amplia cobertura de esta cita tenía como objetivo romper el eje Trump-Bannon, que duró incluso después de que Bannon fuera despedido.

Bannon es un ideólogo ultraderechista cuyo objetivo ha sido destruir el centro político del Partido Republicano. Trump, por otro lado, es un intolerante de derecha, racista y misógino sin ninguna ideología en particular. Es un pragmático conocido por ser fácilmente manipulado, por lo que el establecimiento burgués está satisfecho con la división causada por el libro. Temen más la influencia de Bannon en Trump que lo que temen a Trump.

Trump, el Estado y la clase dominante

Estos eventos plantean la cuestión de las relaciones entre la clase gobernante, su ejecutivo en la forma de la presidencia y el Estado capitalista en su conjunto.

Es un principio del marxismo de que el gobierno capitalista es el comité ejecutivo de la clase dominante. Su trabajo en general es hacer cumplir la voluntad de los patronos y banqueros. Cuando la clase capitalista se divide, esta función puede volverse compleja, pero la afirmación general es ciertamente cierta. Sin embargo, el marxismo también es dialéctico y reconoce las contradicciones.

En este momento hay una contradicción entre los intereses inmediatos a corto plazo de las salas de juntas corporativas y negocios y los intereses a largo plazo de la clase dominante para mantener a Estados Unidos como una potencia imperialista global.

Por un lado, Trump está derramando riquezas sobre los patronos y banqueros: miles de millones en recortes de impuestos, derechos de perforación de gas y petróleo, derechos mineros en tierras públicas, destrucción de regulaciones ambientales, retrocesos de regulaciones bancarias y protecciones laborales, etc.

Por otro lado, ha menoscabado muchas políticas de larga data del imperialismo en el exterior y el capitalismo en los EUA que pueden dañar a largo plazo amplios intereses de la clase dominante.

El establecimiento asesor capitalista y la clase dominante

En esta discusión, es importante distinguir entre el establecimiento asesor de la clase dominante y la clase misma. La burguesía a lo largo de los años ha creado un vasto establo de intelectuales que sirven a diferentes facciones de la clase dominante.

Hay intelectuales de grupos de análisis políticos dedicados a descubrir los intereses de los imperialistas tal y como los ven. Hay escribas periodísticos con diferentes líneas políticas, dependiendo de qué facción de la burguesía y el establecimiento político estén alineados. Existe una gran variedad de asesores académicos que van y vienen entre las universidades y el gobierno capitalista.

Todas/os compiten entre sí para servir los intereses del imperialismo y convertirse en los portavoces favoritos. Sin embargo, su perspectiva inmediata puede ser bastante diferente de la perspectiva inmediata de las juntas corporativas, aun cuando buscan servir los intereses capitalistas.

Mientras varias/os periodistas, intelectuales burgueses de grupos de análisis políticos, expertos académicos y comentaristas de todo tipo están horrorizados con Trump cuando éste lanza la bola demoledora de la diplomacia y la política, los patronos se concentran en el dinero.

Trump conduce el tren de satisfacción patronal

Mientras Trump esté en la presidencia, los banqueros y los patronos van a lograr gran parte de sus deseos con respecto a las ganancias, los negocios y el dinero. Bajo las diversas administraciones de demócratas y republicanos, han ido socavando tierras y costas públicas, regulaciones bancarias, regulaciones ambientales, etc. Pero ahora disfrutan de una libertad inusualmente expandida para saquear la tierra y el mar. Están regocijantes por los recortes en los impuestos corporativos, del 35 al 21 por ciento, y por los miles de millones en otros recortes. Cualesquiera que sean las deficiencias de Trump, pueden pasarlas por alto por ahora, porque los multimillonarios no quieren que el tren se detenga.

El complejo militar industrial -Lockheed, Boeing, Raytheon, United Technologies, etc.- se está alimentando del aumento de los gastos militares a $700 mil millones para armas nucleares, sistemas antimisiles, nuevos buques de guerra, aviones de guerra, drones y misiles mientras Trump alimenta el llamado de guerra con la República Popular Democrática de Corea, alimenta los ataques de la máquina de guerra Saudí contra Yemen, envía armas a Ucrania y coloca armas para amenazar a Rusia, China, Irán y otros países.

Las acciones militares en la bolsa de valores se elevaron a una cantidad máxima histórica cuando Trump firmó un contrato de armas por $110 mil millones con la monarquía burguesa-feudal de Arabia Saudita. Él ha sido el vendedor de armas en jefe, impulsando sistemas de misiles ofensivos, aviones de combate y barcos en Japón y Corea del Sur como parte de la preparación guerrerista contra la RPDC.

Cuando los cheques del gobierno llegan a los tesoros corporativos militares, las vergüenzas y limitaciones de Trump se pueden pasar por alto fácilmente por el momento. Las deportaciones masivas, las palabras de código racista, la misoginia y el acoso sexual, la homofobia, todo se descarta.

No es coincidencia que cuando salió el libro de Wolff, Trump rápidamente hizo un anuncio público de que estaba abriendo las costas del Atlántico, el Pacífico y el Golfo a la industria del petróleo y el gas para la perforación. Los ejecutivos de ExxonMobil, Chevron y Shell no estaban prestando su atención primaria a los escándalos de la Casa Blanca en ese momento.

Energy Fuels Resources, que extrae uranio, logró que la administración Trump redujera el área pública de Bears Ears de 1.35 millones de acres a 202,000 acres. Eso puso los depósitos de uranio fuera del monumento nacional. Las tierras indígenas robadas a cinco naciones diferentes fueron redirigidas al sector privado por esta decisión.

Trump ha blandido un hacha contra las instituciones de la clase gobernante. Lanzó ataque tras ataque contra el FBI, la joya de la corona del aparato represivo de la clase dominante, para desacreditar la investigación de Mueller sobre sus relaciones con Rusia, aunque el FBI ha llevado a cabo implacablemente la destrucción de organizaciones progresistas y revolucionarias desde la Primera Guerra Mundial.

Trump también ha blandido el hacha contra las alianzas imperialistas tradicionales. Ha denunciado a la OTAN y exigió que los países de la OTAN pagaran más por sus ejércitos. Ha humillado a los presidentes de México, Canadá y Australia, entre otros. Reconoció a Jerusalén como la capital de Israel y desgarró la máscara de los Estados Unidos como un mediador “neutral” en la lucha con las/os palestinos.

Además, Trump retiró $1 mil millones en fondos de las Naciones Unidas. Se retiró del acuerdo climático de París y deshizo las conversaciones para un pacto sobre inmigración y asilo.

La administración Reagan y la clase gobernante

Cuando el gobierno derechista de Ronald Reagan tomó el poder en 1981, la mayoría de la clase dominante estaba profundamente preocupada. Reagan era el niño mimado de la ultraderecha y estaba fuera del principal establecimiento capitalista mientras escalaba la escalera política en California. Su ala del Partido Republicano estaba en guerra con el ala Rockefeller.

Reagan comenzó su mandato en el cargo rompiendo violentamente la Organización de Controladores de Tráfico Aéreo Profesional. A las/os trabajadores que se declararon en huelga se les prohibió el empleo federal de por vida. Fue la primera vez en décadas que se realizó un ataque tan brutal y premeditado contra un sindicato.

Esto fue seguido por una ofensiva a gran escala contra los mineros del cobre en el oeste, las/os empaquetadores de carne y las/os trabajadores de Caterpillar en el medio oeste. Reagan y sus aliados corporativos atemorizaron con rompehuelgas todas las huelgas que se convocaron.

Reagan redujo el gasto en asistencia social en cientos de miles de millones, atacó los derechos de asistencia social y entregó el dinero al ejército para una gran expansión.

Al principio, la clase dominante estaba profundamente preocupada, no por las/os trabajadores o las/os beneficiarios de la asistencia social, sino por temor a una rebelión desde abajo. Pero no hubo una lucha real y el liderazgo sindical no solo abandonó a las/os receptores de asistencia social, sino que se rindió ante la ofensiva anti sindical. ¡Reagan se salió con la suya! Entonces los patronos, los banqueros y sus políticos se adaptaron a la nueva normalidad de la reacción. Se rieron por todo el camino hasta el banco.

Trump viene tras nosotras/os, debemos ir tras él

El apoyo profundo que Trump recibe del Partido Republicano es un reflejo de la actitud de los patronos hacia él. Están con él en esta última crisis. Han atado su destino a él por el momento. La pandilla republicana del Congreso quiere atacar la Seguridad Social, Medicaid y Medicare. Si comienzan por este camino, cuentan con el respaldo de Trump.

Por razones políticas, puede que él no esté tan ansioso por lanzar tal ataque. Pero Paul Ryan y los republicanos no han renunciado a este programa en absoluto.

Al igual que durante la administración Reagan, los patronos y los banqueros no se apresuran a detener a Trump, por el momento. En última instancia, pueden derrocarlo, pero por ahora están mirando a ver cuánto puede salirse con la suya. Se quedarán con él para tratar de obtener el último centavo en ganancias por sus decisiones y leyes. Hasta que no ponga en peligro sus ganancias y su estabilidad social, la clase dirigente propiamente dicha, a diferencia de sus expertos y consejeros, se quedará con él, cualesquiera que sean sus vergüenzas, limitaciones o errores diplomáticos.

Lo que no sucedió bajo Reagan fue una lucha. Y el Partido Demócrata está siguiendo la misma ruta que tomaron bajo Reagan: confianza en la política electoral y ahora la esperanza de que la investigación de Mueller derroque a Trump. Incluso la reciente suspensión del Estatus de Protección Temporal para 200,000 salvadoreñas/os en este país, además de la negación de la protección a decenas de miles de haitianas/os y nicaragüenses, no ha movido a la llamada oposición demócrata a luchar.

La resistencia masiva en las calles, las fábricas, las tiendas minoristas y las industrias de servicios, los campus y las comunidades oprimidas e inmigrantes es la única forma de detener a esta máquina derechista de demolición.

Trump quiere venir tras nosotros. Es hora de que vayamos tras él.

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