Deudas pendientes con Ragone: A 37 años de su desaparición
Por el Dr. Carlos Humberto Saravia
A 37 años de la desaparición de Miguel Ragone no se ha logrado establecer la identidad de la totalidad de sus verdugos. Una sentencia, que merece reconocimiento, ha condenado a quienes se presume que en Salta ejecutaron el terrorismo de Estado. Sin embargo, la Justicia no pudo determinar quienes integraron la patota que en la mañana del jueves 11 de Marzo de 1976 lo esperó en la esquina de su casa y lo secuestró. Los ejecutores materiales del crimen siguen impunes.
Los jefes de la guarnición militar y de la policía provincial –Carlos Mulhall y Miguel Raúl Gentil- y el entonces Director de Seguridad -Joaquín Guil- fueron sentenciados por este hecho aberrante. Todavía se encuentran excluidos de la nómina final de asesinos quienes integraron el cuerpo de inteligencia castrense que se arrogó el derecho de aniquilarlo y planificó el atentado.
Resulta aún inexplicable que no haya castigo para los miembros de la Comunidad Informativa y los oficiales que estudiaban a las víctimas y digitaban su destino. Son quienes eligieron a Ragone tras un estudio minucioso y sopesaron los efectos de la acción.
Mario Osvaldo Baudini, jefe del Destacamento 143 de Salta, nunca fue citado a declarar en las causas en las que se investigan crímenes de lesa humanidad. Tampoco los 93 miembros de esa unidad militar cuyos nombres fueron publicados en el 2010 cuando se desclasificó la información del Batallón de Inteligencia 601. Acaso hay motivos para que las pesquisas no los comprendan cuando hace años se acreditó que hubo un plan para asaltar el gobierno y que en cada detención era obligatoria la intervención de sus integrantes para practicar los interrogatorios y aplicar los tormentos?
Dentro de los merecimientos de este juicio puede computarse la reconstrucción de un marco histórico singular. Se avanzó en escudriñar los defectos de una etapa democrática en la que las fuerzas de seguridad actuaron fuera de la ley en la persecución de los militantes de izquierda militarizados. También se pudo identificar a los sectores cuyos integrantes fueron sistemáticamente perseguidos.
El juez Abel Cornejo se esforzó durante el período que condujo la investigación por sostener la versión de que el médico fue asesinado en el lugar del secuestro. Solamente un exceso involuntario justificaría esta versión puesto que la obtención de información era el objetivo excluyente en relación a todo detenido por razones políticas. Necesitaban conocer cuáles eran los vínculos de la víctima con otros militantes para destruir las células de los grupos de izquierda que también ejecutaron actos terroristas. Acaso para Ragone se había deparado otro procedimiento? Qué motivos podrían haber apartado a los secuestradores de esta práctica rigurosa?
Hoy puede afirmarse sin hesitación que el operativo contó con la aprobación del Tercer Cuerpo del Ejército con asiento en Córdoba y al mando de Luciano Benjamín Menéndez. Que estuvo a cargo de un grupo de tareas con personal de inteligencia. Que los policías prestaron ayuda complementaria y siempre estuvieron subordinados a las órdenes castrenses.
La especulación judicial, entonces, equivale a pregonar erróneamente que la desaparición configuró sólo un espasmo o de un acto de venganza descolgado del plan terrorista que buscaba justificar la asonada castrense que instauró luego la represión clandestina más salvaje.
Entre las motivaciones del magnicidio sobresale la interna peronista cuyo cronograma se desarrollaba en esos días. Se erigía en un eventual aliciente para resistir el golpe del 24 de Marzo y, su eventual vencedor, en una figura que podía concitar voluntades en este sentido. Ragone con su lista verde había desandado el camino del exilio y su terquedad lo condujo a la muerte. Él sabía que muchos de los que lo habían acompañado al triunfo el 11 de Marzo de 1973 ya estaban muertos o escapaban con dispar suerte de los intolerantes pero insistió con su postulación.
La figura de Ragone era resistida por los militares y un amplio sector peronista que fogoneó su intervención el 23 de Noviembre de 1974. Es el mismo agrupamiento que a nivel nacional fundó y financió a la Triple A y que expulsó del PJ a Héctor Cámpora. El que maliciosamente lo calificó de “marxista” y “montonero” por el solo hecho de haber integrado a su gestión de gobierno con dirigentes de distintas ideologías y derroteros. El que en Salta renegaba de su postulación para presidente del justicialismo y su posicionamiento como triunfador en un tiempo en que entendían que la izquierda peronista estaba desarticulada.
El primigenio intento de atribuir el secuestro a Montoneros abona la tesitura de que los militares asesinaban y desaparecían gente antes del golpe y atribuían la autoría a las bandas de izquierda y derecha por igual. El objetivo era saturar de violencia a la sociedad para legitimar el asalto institucional. La conmoción que provocaron con la desaparición de Ragone tenía el propósito de anestesiar a los díscolos y lo consiguieron.
Lo expuesto explica por qué los oficiales de inteligencia lo eligieron como víctima y explicita la deuda que mantendrán los salteños con la víctima, y el justicialismo en particular, mientras la autocrítica no predomine en los homenajes protocolares.-
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