En Orán también tuvimos soñadores

08/02/2020 | Revista Norte

ELI Y JOSÉ. ELLA MILITANTE CATÓLICA. ÉL, DE LA JP

A 43 años del asesinato de José Antonio Cortez, cobra más sentido su corta vida y su lucha por una sociedad igualitaria.

Por Alcira Figueroa para Revista Norte

Nació en el Ingenio el Tabacal. Su padre trabajaba en la empresa como carpintero, es el que mantenía la lujosa casa 3 de Robustiano Patrón Costas y también la de San Lorenzo, en Salta. Ex combatiente de la guerra del Chaco en Bolivia.

De familia Peronista y perteneciente a una numerosa familia,  era heredero del legado más importante de la época: hacer la revolución desde el hombre nuevo en forma colectiva, lo cual fue truncado en forma violenta por las fuerzas militares en Bahía Blanca un caluroso día del 4 de febrero del año 1977 en pleno mediodía.

Sus amigos y compañeros de escuela lo recuerdan como un niño alegre, travieso, inteligente, amigable; y como alumno del secundario, algo crítico, con una marcada conciencia de clase y buen alumno.

Luego de finalizar sus estudios secundarios, por propia gestión y apoyado por su hermano Mato, decide viajar a Bahía Blanca para estudiar la carrera de Ingeniería química, ya que esa ciudad contaba con hospedaje para estudiantes y también comida a precio económico.

Eran épocas de efervescencia juvenil, de organización, de lucha y convicciones profundas de que un país distinto era posible y viable. Él no fue ajeno a esos signos que ya coincidían con su búsqueda y se encolumnó en la Juventud Peronista Universitaria, siendo un líder más en poco tiempo.

Estudio, militancia y el amor rodearon pronto su existencia y junto a Elizabeth Frers trazaron sus sueños, ideales y lucha en un mundo ya convulsionado, donde esas utopías al poco tiempo empezaron a ser demonizadas, perseguidas, llevándose vidas y familias enteras de la mano del odio asesino y represor.

José (alias Tapón) que había proyectado estudiar, recibirse, volver a su terrunio para ser un profesional trabajando en la industrialización de la caña de azúcar, luego de poder luchar para que la empresa esté en manos de los trabajadores, fue arrebatado de la faz de la tierra un 4 de febrero para nunca más ser visto; y fue asesinado y desaparecido en un inventado enfrentamiento, según el diario El Tribuno en esos días. A la semana siguiente desapareció su compañera Ely estando embarazada, pasando -previo a su asesinato- por el centro clandestino de detención La Escuelita de Bahía Blanca.

La historia oral de los pueblos se alimenta, en parte, de la vida de estos soñadores anónimos. Y desde donde recobra sus utopías, cada vez que recibe un embate o agresión a sus propios intereses, despiertan como gigantes dormidos para iluminar esas luchas, para demostrarnos una y mil veces que podrán matar los cuerpos, pero nunca los ideales, nunca las ideas.

La empresa hoy, desde 1.996, dejo de ser una empresa nacional para convertirse en una multinacional. Pareciera que están cada vez más lejos aquellos sueños del 70, sin embargo el arco se tensa en forma permanente. Cientos de despidos en estos años, el no pago de los impuestos a uno de los municipios más pobres como es el de Hipólito Yrigoyen, la deforestación sin límites, las fumigaciones constantes, la inequidad que abruma; todo representa un cóctel peligroso para la superviviencia y es allí donde recordamos a José, y nos preguntamos qué hubiera pasado si estaría vivo.

Y el bebé de José y Eli?

José Antonio Cortez. Nacido el 10 de mayo de 1955. Alumno recibido del colegio Ingenio ‘San Martín del Tabacal’ y del Nacional de Orán. Estudiante de Ingeniería Química en la UNBB. Militante de la JP. Desaparecido desde el 4 de febrero de 1977 en Bahía Blanca.

Elizabeth, militante católica en el centro pastoral La Pequeña Obra y en la Juventud Universitaria Católica. Fue privada de su libertad estando embarazada, en Bahía Blanca, durante enero de 1977. Tras ser secuestrada, fue trasladada al centro clandestino de detención “La Escuelita”. Su cautiverio se extendió hasta abril de 1977. Alrededor del 13 de abril de 1977 fue retirada de ese centro junto a otra víctima, María Angélica Ferrari; y una semana más tarde, el 21 de abril de 1977, los cuerpos sin vida de Frers y Ferrari aparecieron en la ciudad de La Plata.-

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