Sin agua y sin alimentos

04/02/2020 | Revista Norte

LA LUCHA DE LOS PUEBLOS DEL NORTE DE SALTA CONTRA LOS ‘INFLUYENTES’

En el Departamento Oran, al igual que en los de San Martín y Rivadavia, la lucha sin cuartel sigue entre los pueblos originarios y las empresas de agronegocios, las de maderas, entre otros rubros.

La soja y la caña fueron ganando territorios y las ganancias fueron solo para unas cuantas firmas.

Las comunidades especialmente guaraníes que viven de la producción de alimentos y la venta local, han sufrido en estos días la sequía por el intenso calor que afectaron a sus plantaciones. Los pozos que fueron construidos en distintos lugares durante los gobiernos de Néstor y Cristina, para consumo y riego, se han secado; ya que se realizaron tomas de agua del río por parte de esas empresas en kilómetros distantes, casi invisibles, afectando la disponibilidad de agua necesaria para la producción y el consumo.

Un caso emblemático es la comunidad de Río Blanco. Algunos de sus integrantes nos relata que la vida es inviable sin agua y los pozos que sirvieron para diversificar la producción y aumentar las parcelas con más frutas y verduras, se vieron afectadas en forma drástica.

En la zona se observa la desaparición paulatina de fincas pequeñas y medianas que producen hortalizas de primicia y frutas tropicales, las cuales fueron reemplazadas por caña y soja. Esa producción era comercializada en mercados centrales y algunos excedentes se vendían en la zona, incluso se donaba a escuelas, comedores y vecinos pero hoy todo ese alimento disponible también desapareció.

El cambio de la matriz productiva afectó la alimentación. La disponibilidad de frutas y verduras es cada más difícil por la escasez y los precios. La aparición de males ligada a la malnutrición y desnutrición es cada vez más recurrente afectando no solo a niños, sino a adultos y ancianos.

En las zonas urbanas y periurbanas encontramos muchos pobladores venidos de zonas rurales que, sufriendo el arrinconamiento territorial, tuvieron que migrar de esos espacios donde años anteriores encontraban alguna posibilidad de producir sus propios alimentos; ayudados con la provisión de semillas madres por parte del prohuerta, un programa nacional que por voluntad de las autoridades de turno en la provincia decidieron recortarlo en todo sentido, lo cual también afectó a la alimentación desde la accesibilidad de insumos críticos como las semillas.  Así tenemos que en el departamento había cerca de 8.000 huertas y se recortaron a menos de 800, mientras esos recursos eran desviados a emprendimientos particulares de algunos jefes.

Cuando buscamos las causas del aumento de la pobreza e indigencia, vemos una gran fotografía que nos devuelve la cruda realidad que acentúa su rostro de despojo, muerte y hambre de una gran mayoría. Por otro lado vemos a empresas cada vez más expansivas, con record de producción y ganancias.

Mientras, los cómplices -los que deberían controlar, regular, reclamar, exigir para que haya algo de equidad y distribución- permanecen al margen.

Solo vemos en estos días reuniones y fotos, bien gorditos, también malnutridos pero sonrientes siempre.

Es ahí donde entendemos porqué ganaron, porqué los empresarios pusieron sus mejores hombres para ayudar, fiscalizar y asegurar los triunfos en las últimas elecciones.-

Por Alcira Figueroa, para Revista Norte

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