Un estudio con satélites busca mejorar la salud de comunidades del norte de Salta

05/09/2022 | Revista Norte

Realizan un estudio sobre parásitos intestinales que afectan a comunidades originarias del norte de Salta. Advierten sobre la pobreza estructural de estas poblaciones.

En los últimos 10 años, el Instituto Gulich desarrolla estudios junto a la Fundación Mundo Sano sobre las variables ambientales vinculadas a enfermedades transmisibles en distintas provincias del país.

Mediante información ambiental provista por sensores remotos satelitales, el Instituto Gulich y la Fundación Mundo Sano realizan un estudio sobre parásitos intestinales, incluyendo los geohelmintos, que afectan a comunidades originarias del norte de Salta.

Los datos generados por los satélites de observación de la Tierra tienen múltiples ámbitos de uso. Uno de ellos es la salud pública. Desde el Instituto Gulich de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) y la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), se desarrolla una línea de trabajo denominada epidemiología panorámica, con más de 20 años de historia, a partir de la cual se elaboran mapas de riesgo sobre zonas susceptibles de ser afectadas por enfermedades transmitidas por el agua, el aire o vectores. Los principales usuarios de estos productos son las instituciones nacionales y provinciales responsables de implementar políticas de prevención.

Una de las investigaciones actuales se concentra en geohelmintos, parásitos transmitidos por el suelo que afectan mayoritariamente a las comunidades del noreste y noroeste de la Argentina. El proyecto, que se realiza de manera conjunta entre el Gulich y la Fundación Mundo Sano, involucra el relevamiento de las condiciones socioeconómicas de comunidades originarias de la localidad de Tartagal, provincia de Salta, así como el uso de herramientas satelitales para modelar los ambientes donde se desarrollan las enfermedades.

“Nuestro estudio se concentra en las parasitosis intestinales, una de las enfermedades desatendidas en la Argentina, generada por la pobreza estructural. Trabajamos con niños y niñas de 1 a 15 años de poblaciones olvidadas por el Estado, donde la falta de políticas de saneamiento ambiental genera las condiciones necesarias para que se expandan estas enfermedades”, dijo Matías Scavuzzo, licenciado en Nutrición, quien actualmente realiza un doctorado en Ciencias de la Salud en la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), con una beca del CONICET y lugar de trabajo en el Instituto Gulich. “Por eso la importancia de hacer una ciencia comprometida y con sensibilidad social”, agregó.

Investigaciones con trayectoria

El Instituto Gulich trabaja en el área de la epidemiología panorámica desde 1998. Las primeras investigaciones involucraron a la enfermedad de Chagas, referenciando con imágenes e información satelital el terreno dónde se podría expandir la vinchuca. Luego se abocaron a otras enfermedades como paludismo, dengue, leishmaniasis, fiebre hemorrágica y hantavirus, poniendo a disposición productos basados en información satelital para los ministerios de salud de la Nación, de diversas provincias argentinas y de otros países de América Latina.

En los últimos 10 años, el Instituto Gulich desarrolla estudios junto a Mundo Sano sobre las variables ambientales vinculadas a enfermedades transmisibles en distintas provincias del país, en relación a las poblaciones de Aedes aegypti (mosquito transmisor del Dengue, Chikungunya, Zika y fiebre amarilla), y de las vinchucas, relacionadas con el Chagas. En 2016 dirigieron en conjunto investigaciones sobre infecciones parasitarias intestinales en comunidades originarias de la localidad de Pampa del Indio, provincia de Chaco, con niños y niñas de entre 6 y 15 años, donde la CONAE participó mediante la provisión de datos adquiridos con sensores remotos, para determinar su asociación con factores socioeconómicos y ambientales y con la presencia de la enfermedad.

Características ambientales de Pampa del Indio, Chaco, en base a imágenes de alta resolución Planetscoup, con una clasificación, en base a los pixeles, de uso de suelo. En color rojo se indican las áreas urbanas, en azul vegetación densa y con puntos negros, las casas relevadas.

 

Análisis espacial del evento parasitológico en Pampa del Indio, Chaco, donde se observan agrupamientos estadísticamente significativos (clusters) con distintos riesgos de ocurrencia. El círculo de más abajo presenta un menor riesgo de presentar parásitos intestinales en comparación al resto de los clusters.

Además, ese mismo año ambas instituciones colaboraron en estudios sobre geohelmintiasis en cinco comunidades rurales de Bahir Dar, al noreste de Etiopía. Allí analizaron características ambientales en torno al hogar de 792 individuos mayores de 5 años y su asociación con la geohelmintiasis, en general, y con las infecciones por unrinarias en particular. Los resultados fueron publicados en la revista PLoS NTDs en 2021.

“Con este trabajo logramos aportar nuevos conocimientos que demuestran la relevancia de los datos recolectados con sensores remotos para predecir una enfermedad”, dijo Scavuzzo. “El ambiente estaría explicando un alto porcentaje de la aparición del parásito, aunque no es todo. También están los factores socioeconómicos, como el saneamiento, que también influyen en gran medida”, añadió.

Mapa publicado en la revista PLoS NTDs en 2021, que indica el número de individuos infectados por geohelmintos en cinco aldeas de Etiopía, utilizando imágenes de Landsat-8 (A: predicho por el modelo y B: observado). Los puntos rojos, situados en zonas rurales, indican la mayor presencia de parásitos. Los puntos celestes corresponden a zonas urbanas, donde las condiciones ambientales limitan la presencia de estos parásitos.

El trabajo sobre geohelmintiasis en Tartagal se inició en 2019 y continúa hasta la actualidad. “Nuestro objetivo es hacer un relevamiento para evaluar si en esos lugares hace falta poner en marcha un programa de desparasitación, ya sea a nivel municipal o provincial, y con qué periodicidad”, indicó Victoria Periago, investigadora de CONICET y coordinadora científica de Mundo Sano. Con este fin, se analizan características ambientales y socioeconómicas para determinar dónde existe mayor probabilidad de encontrar estos parásitos y direccionar los estudios.

Los geohelmintos tienen la particularidad de que, para infectar a las personas, deben antes cursar parte de su desarrollo por el suelo. En poblaciones vulnerables, sin acceso a servicios básicos, como agua potable o baños (donde solo cuentan con letrinas muy precarias o las necesidades se hacen al aire libre), estos parásitos pueden entrar en contacto con la piel o ser ingeridos y provocar una infección”, explicó la investigadora. Además advirtió que la presencia de parásitos en personas que tienen otros problemas de base, como desnutrición, agrava los riesgos para la salud.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda hacer una desparasitación masiva en poblaciones que registran una prevalencia mayor al 20% en niños en edad escolar con geohelmintos. “Por lo tanto, contribuimos con información en terreno para sumar esfuerzos y ayudar a la implementación de políticas públicas que puedan abordar el problema”, sostuvo Periago.

Ciencia comprometida

Para avanzar en los estudios, profesionales del Instituto Gulich y de Mundo Sano visitan periódicamente a las comunidades para realizar un relevamiento de variables socioeconómicas, como tipo de vivienda y acceso a servicios básicos; parámetros nutricionales, a partir de aspectos como talla y peso; y factores ambientales. Además de la información tomada in situ, se realiza una caracterización del ambiente con técnicas de sensado remoto.

Las investigaciones de Scavuzzo en Salta comenzaron hace tres años, cuando inició el doctorado. Además de utilizar técnicas de sensado remoto para analizar el ambiente, en el último año realizó cinco visitas a las comunidades en su territorio, junto a profesionales de Mundo Sano y con la colaboración del hospital local. “Todavía quedan dos viajes para completar durante este año y comenzar a procesar los datos”, indicó. En base a la información preliminar disponible, se mostró sorprendido por la alta prevalencia parasitaria que encontró en los niños. “La mayor parte eran positivos”, afirmó.

“Cuando hay pobreza estructural, cuando no hay saneamiento básico y cuando hay necesidades básicas insatisfechas, porque falta agua segura, electricidad y recolección de basura, por ejemplo, las primeras enfermedades desatendidas que aparecen son las parasitarias. Eso se ve claro”, lamentó.

Profesionales del Instituto Gulich y de Mundo Sano visitan periódicamente a las comunidades para realizar un relevamiento de variables socioeconómicas, nutricionales y ambientales.

“Con el trabajo a campo, luego buscamos asociaciones entre las variables socioeconómicas y nutricionales que relevamos, y las ambientales, que medimos con satélites y que involucran una georreferenciación, así como la caracterización de suelos, humedad, vegetación, entre otros factores”, informó. “Para realizar este trabajo contamos con un flujo de datos de acceso libre y gratuito en la Estación Terrena de la CONAE ubicada en el Centro Espacial Teófilo Tabanera, en la provincia de Córdoba. Estamos utilizando imágenes de las misiones Landsat 8 y Sentinel, y a futuro prevemos sumar a la constelación SAOCOM”, detalló.

El proyecto incluye la provisión de medicamentos para la población de Tartagal, a partir de un acuerdo con el hospital local, según el cual esta institución provee los antiparasitarios en el área urbana y Mundo Sano en la rural, donde habitan las comunidades más vulnerables. “Además, en estudios previos comprobamos la presencia en esta zona de un geohelminto, el Strongyloides stercoralis, que generalmente no se incluye dentro de la estrategia de la OMS porque requiere un medicamento diferente de los que se suelen dar para desparasitar, que no son efectivos contra este parásito”, informó Periago. De esta manera, además de proporcionar el medicamento tradicional, que es el albendazol, también se utiliza la ivermectina, para este parasito en particular.

“Queremos entender mejor la enfermedad, para poder anticiparnos y hacer inversiones estratégicas e inteligentes de los recursos y políticas en salud”, finalizó Scavuzzo.-

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